Inspirada por la noción borgeana del tiempo como un río indomable, esta colección busca retratar la flor como un suceso efímero que ocurre y se desvanece en el lienzo.
Técnicamente, la serie es un ejercicio de contraste utilizando la fluidez de la acuarela y emocionalmente, estas piezas nacen de la nostalgia de un jardín pasado. Las transparencias y empastes vibrantes transmiten la sensación de ser observados por nuestros propios recuerdos.
Las flores son partículas que flotan en una corriente que no controlamos, recordándonos que en el arte, como en la vida, somos ese flujo constante donde la materia siempre se nos escapa de las manos.